| El rol que nos compete |
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| Escrito por Carlos A. Rodriguez |
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Un chisme, desde el punto de vista de que se le mire es feo. Ensucia, mancha. SI alguien dice algo, sea bueno o malo sobre otra persona, sin su autorización, es un chisme. En el colegio, lamentablemente se ha venido cultivando esa cultura que a través de los años se ha institucionalizado y se disfraza de frases como: “Nos preocupa…”, “Me causa extrañeza…”; en realidad, lo que se está haciendo es asumir una verdad, que puede no serla y emitir un juicio de valor, que puede ser erróneo, ante una situación infundada.
El chisme, no debe ser fuente confiable para tomar decisiones importantes. No debemos confundir la comunicación biunívoca con la comunicación secreta, unidireccional y seguramente desproporcionada. Somos adultos, no niños; nuestra percepción de la vida ha puesto de relevancia una serie de elementos que nos permiten emitir juicios correctos, puntuales, veraces, maduros. Si yo tengo mis propios miedos y temores; no tengo ningún derecho de infundirlos en los demás. Son míos y es sólo de mi incumbencia el superarlos o no. Pero no tengo que envenenar la vida de los demás. El temor, para su información es natural. Es un sentimiento humano innato. Hay que superarlo, especialmente los que ostentamos algún tipo de educación. La madurez consiste en tener perfecta conciencia de mis propias limitaciones y trabajar en ellas para superarlas. Ahora, hay algo que es aún peor y más delicado. Existen personas que utilizan el temor y el miedo de las personas como una forma de adormecer, utilizar y hasta denigrar a los demás; todo, para satisfacer intereses subalternos. Eso si está mal. Eso se llama mezquindad. ¿Cómo es posible que se pueda paralizar a un grupo inteligente y pensante de personas con educación y experiencia? ¡Con el temor de quitarles lo que más aprecian y necesitan! Todos nosotros sabemos que nuestro trabajo es la forma que tenemos para sustentar a nuestras familias. Esa es una realidad inobjetable. Es nuestro derecho y las leyes en cualquier país del mundo la sustentan. ¿Cómo es posible que se pueda aprovechar esta situación tan profundamente humana para beneficio de otros intereses? ¿Vayamos a saber cuáles?... ¡NO!... ¡NO SE PUEDE PERMITIR! No es nada decente. ¿Qué daño se hace a alguien con ejercer los derechos que nos pertenecen? ¿Cómo es posible que se gaste tiempo, dinero y recursos en evitar a otros a ejercer sus derechos? ¿Qué clase de persona somos? ¿Civilizados transeúntes del siglo XXI? ¿Conformantes de una institución que supuestamente debe formar, educar o edificar?... Creo que tenemos mucho sobre qué reflexionar y sobre todo actuar. Siempre llega en la vida el momento de enfrentar nuestros temores y el momento de tomar decisiones que nos permitan trascender como personas, ciudadanos, profesionales, miembros de una comunidad. Ese es nuestro privilegio. Personalmente, no quisiera que en l momento en que deba repasar mi vida y rendir cuentas de ella, estar al frente de quién deba juzgarme y tenerle que decir: “Lo siento… se que pude hacerlo pero no lo hice”. Actuemos como lo que somos. Tomemos la firme decisión de hacernos valer por lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Seamos limpios, claros, leales y valientes. Sin reveses. Pongámonos de pie y actuemos con ese valor que sólo puede nacer de un espíritu noble. Sé qué aquí, en el colegio, hay muchos dignos de ser emulados y de los que tenemos mucho que aprender. Impresiones: 142 |
| Última actualización el Martes, 13 de Octubre de 2009 17:00 |



