| ¿Qué podrán decir nuestros queridos maestros de esto? |
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| Escrito por Editor |
| Sábado, 05 de Marzo de 2011 23:44 |
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Hemos recibido un video realmente excelente, del valiente discurso de la Diputada María Corina al Congreso Venezolano. Óiganlo atentamente. ¡Qué difícil sería dejar de simpatizar con esta señora que se enfrenta sola contra el totalitarismo, contra la dictadura, que pretende igualar a todos para abajo, acosta del poder, la sumisión y el atropello de las libertades fundamentales!
¡Cómo no sentirse identificado con este discurso, si hasta el Auditorio parece conocido y la Sra. Corina uno de los valientes profesores que tuvieron el coraje de llamar las cosas por su nombre, de decir la verdad y ahora se encuentran despedidos! ¡Cómo no identificarnos y sentir que esto no es más que una parodia de lo que vivimos!
Y ¿Cómo puede haber profesores que se admiran de la valentía de esta dama y son incapaces de ver lo que ocurre en sus narices? ¡Qué mundo tan raro! Es obvio…no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Recibimos este link de manos de alguien que públicamente no simpatiza con nosotros y en una de esas coincidencias a las que nos tiene acostumbrado el Señor, la lectura de hoy (5 de marzo de 2011) nos recordaba precisamente la hipocresía con la que pretendemos ocultar o tergiversar ciertos hechos, para no aceptar aquello que no nos conviene. Somos los magos de las palabra: un tachón aquí, un borrón allá y parece que todo fuera lo mismo, aunque sabemos que no lo es. Tan prestos a ver la paja en ojo ajeno, como reacios en desprendernos de la viga que tenemos en el nuestro. (Mc 11,27-33): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?». Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?». Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: «No sabemos». Jesús entonces les dice: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto». El que tenga oídos, que oiga.
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