|
El problema no es de orden pedagógico, sino ético, lo que puede ser más grave; peor aún, si no se aborda.
¿Qué mensaje nos trae el Directorio con su anuncio? Nombran a un Asesor Educativo como Director Ejecutivo para que traduzca al Directorio la problemática de orden pedagógico por la que estaría atravesando el Colegio. Esta “bisagra” sería el nexo entre el Directorio y la política educativa que se encargaría de ejecutar la Dirección. Es decir que alguien le ha hecho consentir al Directorio que la crisis por la que actualmente atraviesa el Colegio tiene que ver con una cuestión técnico pedagógica, que el Directorio no alcanza a entender, por lo que necesita un “traductor – intérprete”.
Por otro lado, con esta intermediación, supuestamente más lúcida en el aspecto pedagógico, se permitirá un mejor desenvolvimiento a la Dirección sin las trabas y malos entendidos que seguramente habrá argumentado que ha encontrado en la actual organización.
Es decir que, según este diagnóstico el problema sería técnico pedagógico y con este enroque, por el cual el Asesor pasa a ser Director, quedaría todo resuelto. ¿El cambio de posiciones de los gestores de la actual política técnico pedagógica desde hace por lo menos tres años, resolverá el problema? ¿Será que el flamante Director Ejecutivo tiene mejores habilidades para comunicarse y hacerse entender con el nivel Directivo? ¿Resuelto este problema de comunicación e interpretación queda resuelta la crisis?
En qué poca estima y consideración nos tienen a los maestros. Nos lo merecemos, por haber sido tan apocados y condescendientes. ¿Es que no hay dos maestros de carne y hueso, con más de 10 años de servicio en el Colegio, a los que se les impide ingresar a su Centro Laboral solamente por haberse expresado haciendo ejercicio de un Derecho Humano fundamental?
¿Es que no son estos hechos los que han puesto sobre el tapete la actual gestión y los que han llevado a tomar las decisiones que se comunican? ¿Se puede pretender seriamente haber llegado a una solución a la crisis que afronta la Institución, desconociendo la situación de estos maestros? ¿Acaso de trata de una mina o una explotación agrícola?
El Colegio es ante todo una Institución Educativa, destinada a Formar a niños y jóvenes que serán los que en un futuro no muy lejano tomen las riendas de nuestra sociedad. ¿Qué ejemplo estamos dando cuando vulneramos derechos fundamentales de nuestros propios trabajadores, es decir de sus maestros?
Los dos profesores a los que se les ha cursado arbitrarias cartas de despido y a los que se les impide prepotentemente el acceso a su centro de trabajo, han demandado al Colegio ante los Tribunales de Justicia, porque sobran los argumentos para declarar nulos ambos despidos. Ambos constituyen una llaga, una herida infringida a la Institución por la INTOLERANCIA, la PREPOTENCIA y el ABUSO DE AUTORIDAD.
¿Cómo se puede pretender resolver la crisis, sin decir nada al respecto, cuando se sabe que se han contratado abogados que demandan una cuantiosa inversión mensual al Colegio, mientras a estos maestros se los mantiene impagos hace varios meses?
¿Es que no pueden darse cuenta que la anuencia y docilidad con que los profesores los escuchan es producto del temor a perder sus trabajos? ¿Es este el clima propicio para el desarrollo de las mejores prácticas educativas? ¿Cómo se le puede pedir a un maestro que enseñe a los niños valores como la solidaridad, la lealtad, la verdad, la paz o la justicia, cuando se le impide practicarlas con sus propios compañeros de trabajo? No podemos negar con una mano, lo que afirmamos con la otra. ¡Esa es la verdadera crisis que afronta el Colegio! Falta de valores. Falta de ética…Y no de los profesores, como inmediatamente se querrá argumentar, sino de quienes los obligan a deponer sus principios, por un plato de lentejas.
Es por no haber aceptado sumisamente el atropello a su dignidad que se despide a estos dos profesores y es por eso que se les acusa de deslealtad. ¿A quién debemos lealtad, sino a Dios, a la Verdad y a la Justicia? No hay nada que hayamos recibido del Colegio que no hayamos merecido y con creces, salvo tal vez, el cariño y respeto de los niños y jóvenes, frente al cual siempre nos sentiremos pequeños, nunca habremos dado lo suficiente.
Seriedad y coherencia, es lo que exige la actual coyuntura. No se puede vulnerar los derechos de las personas, solo porque son débiles y humildes, luego, ignorando su existencia y de modo indolente, pretender edificar algo bueno sobre sus cadáveres.
No podemos concluir sin llamar a la APAFA y a la Asociación de Exalumnos a participar con su opinión, con su posición y su presencia democrática en esta difícil coyuntura que viene atravesando nuestra Institución, que con cerca de 45 años, constituye un patrimonio de nuestra Región, que merece un mejor destino.
Impresiones: 150 |