Miércoles, 08 Sep 2010
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Lecciones a propósito de un encuentro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Miguel Damiani   
Miércoles, 25 de Noviembre de 2009 08:49

Hace algunos días me encontré en un establecimiento con un compañero de trabajo (al que me impiden asistir desde hace 2 meses) y naturalmente me abordó con esa fórmula de saludo que en realidad no quiere decir nada y por la que siempre respondemos automáticamente cualquier cosa ¿Cómo estás?, me dijo.

Sin embargo esta vez, como no recuerdo otra en mi vida, estas palabras tenían un sentido desagradable, eran punzantes, causaban dolor… ¿Cómo, sin sonar sínico, podía preguntarme eso alguien que cuando vio que arremetían injustamente contra mí, me dio la espalda, e indolentemente me negó, cerró los ojos y siguió de largo?

 
¿Será que con el tiempo lo injusto se va haciendo cada vez menos detestable y repulsivo, más tolerable, hasta que nos acostumbramos a convivir con ello? ¿O será, tal vez, que el impedimento a ingresar a nuestro centro de trabajo es merecido, es atinado? ¿Será tal vez que nuestros compañeros de trabajo piensen que el profesor Ricardo y yo lo tenemos bien merecido?


¿Será que están de acuerdo con el trato indignante que nos vienen dando las autoridades del colegio, atropellando todos nuestros derechos o será tal vez que están tan temerosos de perder su trabajo, que prefieren no mirar, no ver, no enterarse…? Así, ojos que no ven, corazón que no siente.

 
¡Qué dilema! ¡Qué difícil situación! En un colegio de antropología cristiana, veamos qué luces nos puede dar a este respecto el Señor, en el evangelio de hoy.

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Última actualización el Miércoles, 25 de Noviembre de 2009 09:00