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El Sindicato de Docentes del Colegio Prescott irrumpe en la historia del Colegio como interlocutor válido, para encausar la voz de un importante estamento de la Institución, precisamente cuando se requiere su intervención ponderada y responsable, para afrontar los retos que exige el mundo en el que vivimos, globalizado, y en el que la relativización de valores ha llegado a tal extremo, que en muchos casos constituyen un predicamento desencarnado, que no pareciera tener nada que ver con la vida de quienes los proclaman.
Ante tal confusión, es necesario señalar de forma clara y precisa el camino, procurando consecuencia, es decir, total armonía entre lo que se enseña y lo que se realiza, de modo tal que no aparezca como una dicotomía irreconciliable la vida del maestro y su realidad.
La Institución escolar no solamente debe procurar comunicar constantemente a los alumnos los valores sobre los que debe cimentar su vida, sino que debe ser un ejemplo viviente de que su ejercicio es posible y no una mera utopía inalcanzable.
Para esto maestros y directivos deben estar empeñados en vivir con apego a la verdad y a la justicia, de modo tal que la sola imitación lleve a los alumnos a vivir en virtud.
Es basados en esta convicción que los maestros del Prescott deciden Sindicalizarse, haciendo, además, uso de un Derecho amparado por la Constitución y por la Doctrina Social de la Iglesia.
Es por eso realmente lamentable que las autoridades del Colegio después de casi mes y medio de reconocido legalmente el Sindicato, prosigan en su afán de desconocerlo, manteniendo a dos de sus dirigentes injustamente despedidos, prohibiendo el acceso a su centro laboral y hostigando a otros profesores, creando situaciones conflictivas, solo para desprestigiarlos, enfrentándolos con sus alumnos y padres de familia y creando división entre los mismos maestros, ofreciendo tratos especiales para fomentar actos innobles.
Por eso reiteramos por enésima vez nuestro llamado al diálogo y la conciliación, como único medio para construir la Institución que la Sociedad y especialmente nuestros alumnos y sus familias nos demandan.
A nada bueno conduce el resistirse a responder a este llamado, en el que las leyes nos amparan. A nada bueno puede conducir que ni si quiera se haga caso a la Fiscalía que ha interpuesto sus buenos oficios a fin que los pedidos de diálogo de los maestros sean escuchados. A nada bueno puede conducir que se siga negando pertinazmente el reconocimiento del Sindicato, cuando la Autoridad de Trabajo se ha pronunciado en repetidas oportunidades respecto a su legalidad.
¿Cómo se puede construir sin reconocer a los demás el derecho de opinión y abrir el diálogo? ¿Cómo se puede ejercer el noble oficio del magisterio, sin respetar los derechos de los demás?
Dignísimas autoridades del Colegio, les llamamos a la reflexión. Es momento de actuar con apego a los valores y principios que nuestros fundadores quisieron poner en alto, al proponerse este filantrópico proyecto.
¡Viva el Colegio Anglo Americano Prescott!
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