“Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.” (Mt 5, 11-12)
Hoy queremos empezar con esta cita bíblica tomada del evangelio de Mateo, que será leída en la Misa del domingo 1ro de Noviembre. La dedicamos de manera especial, para que sirva de consuelo, a todos nuestros compañeros que están siendo víctimas de la ofensiva desatada en el Colegio por quienes se sienten incómodos con la sola presencia del Sindicato y no tienen ningún reparo en apelar a cualquier recurso con tal de acallarlos y doblegarlos. ¿Por qué tanto miedo? ¿Por qué será?
Nos mandan decir (porque hasta ahora no hemos podido establecer dialogo formal) que nuestras palabras en nuestra web son muy duras para alguien que pretende el diálogo. Si, es verdad, nuestras palabras están por ahora dirigidas a protestar y denunciar. Y, ¿cómo no hacerlo con energía, si tenemos dos compañeros arbitrariamente despedidos? ¿Si encima se empiezan a tejer ardides contra otros profesores por el solo hecho de pertenecer al Sindicato, sin reparar en los medios?
La verdad incomoda y desprestigia a quienes obran de forma inconsecuente, cuando dicen y proclaman una cosa y hacen otra. Cuando hay cosas que esconder, cuando se prefieren las sombras a la luz. Entonces, la verdad incomoda.
Un error lo puede cometer cualquiera. El problema no es errar, sino persistir testarudamente en el error, sin importar el daño que uno causa, amparándose en su posición, o más bien, en los mal entendidos privilegios de poder que trae su posición.
Los profesores Cordero y Damiani han sido despedidos injustamente. Esto quiere decir que ateniéndonos al Derecho, no existen causales de despido, a no ser unos mal fraguados expedientes, que no resisten el menor análisis, cuando se confrontan a la trayectoria impecable de ambos profesores, que puede ser atestiguada por propios y extraños.
Ni el profesor Ricardo Cordero es un negligente, que abandona a sus alumnos, que llega siempre tarde y encima falta a la autoridad, ni el profesor Damiani incumple sus obligaciones, quebrantando la buena fe laboral, ni se resiste a órdenes superiores, ni promueve actos de violencia e indisciplina. Esto es lo que dicen los expedientes que deben avergonzar a quienes los confeccionaron, porque están basados en mentiras que buscan dar legalidad a la arbitrariedad. ¿Son estas palabras tan fuertes que incomodan? Seguramente, pero son la verdad.
Los profesores Ricardo Cordero y Miguel Damiani, como muchos otros, cansados del verticalismo, la arbitrariedad, la prepotencia y la equívoca gestión de la actual Dirección puesta de manifiesto en diferentes situaciones que han sido largamente detalladas en otros documentos, deciden que era momento de ejercer un derecho que ampara la Constitución del Estado y la Doctrina Social de la Iglesia: el derecho a la sindicalización. ¿Por qué ahora, después de casi 45 años de historia? Porque no podíamos seguir indiferentes ante el cariz que iban tomando las cosas y creímos oportuno asumir nuestra responsabilidad, abriendo un canal que permita dar a conocer nuestra opinión de forma concertada, para que no fuera desvirtuada, desoída, tergiversada o acallada, como ocurrió en anteriores ocasiones.
Es por esto y no por otra cosa que se pretende despedir a los profesores Cordero y Damiani. El profesor Cordero fue uno de los encargados de recolectar firmas, como bien lo sabe la Dirección y por eso dio curso al expediente de despido. El profesor Miguel invitó a mostrar pacíficamente solidaridad con el profesor Cordero portando una cinta blanca, en señal de la esperanza que todo sería superado conforme a la verdad y la justicia –incómodas palabras para algunos-, y se le aplicó el mismo vergonzoso expediente del despido.
En ambos casos el abuso ha sido tal, que ninguno ha podido volver a entrar a recoger sus cosas, a ver sus archivos, sus documentos de trabajo, sus mensajes de correo…Al profesor Ricardo le pusieron entre sus cosas documentos que jamás le fueron entregados formalmente. El profesor Miguel, sabiendo que su CPU ha sido retirado, que se han descerrajado los estantes que ocupaba, ha preferido no someterse a tal vejamen, reservándose el derecho a exigir, cuando llegue el caso, la integridad de cuanto tuvo bajo su responsabilidad y custodia hasta el 1ro de octubre, fecha a partir de la cual, allanando todos sus derechos, se le impide acceder a su centro laboral.
Es verdad, da vergüenza exponer estos hechos públicamente. Y supongo que serán más vergonzosos para quienes los perpetran, pero son la verdad. ¿Dañan la imagen? ¿Desprestigian? Seguramente, pero no nos equivoquemos. El desprestigio no viene porque se hacen públicos estos hechos, sino por quienes los cometen, pretendiendo mantener otra imagen.
La verdad triunfa…La verdad se sabe tarde o temprano. Debemos acostumbrarnos a vivir con la verdad. No somos perfectos, tenemos muchos defectos. Cometemos errores. Lo malo está en persistir en ellos, aun a sabiendas y teniendo la posibilidad de enmendarlos.
Finalmente no podemos dejar de manifestar la tristeza que nos da que se tomen las cosas tan a la ligera y que quienes tienen en sus manos enmendar esta situación, no estén asumiendo su responsabilidad. Se pretende hecer creer que el Sindicato ha venido a dividir a los profesores y sin embargo, lejos de aceptar sus múltiples requerimientos de diálogo, se le ignora y en vez de afrontar y resolver la verdadera crisis, que constituye el injusto e indolente despido de que son objeto dos profesores, se promueven patrañas contra los profesores sindicalizados, desaparecen notas, se divide a los maestros entre nuevos y antiguos... Y, así, mientras unos desayunan, otros ayunan, mientras unos se solidarizan, otros se mantiene indolentes, mientras unos son injustamente perseguidos, otros reclaman por expresiones subidas de tono. Esas si son divisiones que debían preocuparnos
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