| ¿Porqué un sindicato en el Colegio Prescott? |
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| Escrito por Carlos A. Rodriguez |
| Domingo, 18 de Octubre de 2009 10:55 |
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En principio, tenemos que aprender que todas las personas, sin excepción, tienen el derecho - que además la ley lo ampara - de asociarse libremente con los fines que crean necesarios. Eso en cuanto al principio legal. El colegio es una empresa y eso lo sabemos todos. Si bien es cierto no es de orden lucrativo, sigue siendo una empresa que se rige por leyes vigentes en nuestro país. El colegio se rige por leyes que cumple. ¿Por qué no han de hacer lo mismo los docentes y los empleados?
Muchas personas – convenientemente – han satanizado el concepto de sindicato; y tal vez, no les falte razón porque en nombre del sindicalismo, se han cometido aberraciones y despropósitos; tal cómo se han cometido por parte de empleadores y empresas. Eso no es nuevo y no tiene porque asustarnos. Es una realidad. Justamente, en el mundo moderno en el que nos preciamos de vivir, globalizado, civilizado las instituciones sindicales están llamadas a ser parte activa de las relaciones entre los empleadores y los trabajadores. Léase, entre el Directorio del colegio – representado por la dirección – y el sindicato que representa a los docentes. ¿Existe alguna aberración en esto? ¿Cómo puede ser posible que se desencadenen represalias, temor y confusión cuando se dice: aquí estamos nosotros y allí están ustedes? ¿Se ha traicionado a alguien? ¿Se ha ofendido a alguien? ¿Alguien se siente amenazado? ¿Desde cuándo una apertura al diálogo es contraproducente? En verdad creemos que la relación que se establezca entre un sindicato y una empresa – sea la que fuere – es de máxima importancia y reviste la seriedad necesaria que trasciende personalismos y lealtades mal entendidas. Como bien se ha dicho: “los derechos no se exigen, se toman” esto es porque son inherentes a los individuos, inalienables y promueven relaciones armónicas y no lo contrario. ¿Quén afirma que hay algo malo en pensar de esta manera? Las relaciones institucionales no deben personalizarse; es decir, pensar que tal o cual persona porque la dirige me va asegurar el bienestar que anhelo. Eso es verdad y puede suceder porque sencillamente se está confundiendo el propósito común con la relación personal. Es por eso que las instituciones se convierten haciendas particulares donde la voluntad personal (con todo lo que ello implica) prima. Eso no puede ser y ninguna ley de ningún país en el orbe lo avala. Nunca puede haber un estado dentro de otro estado. Vemos, hasta aquí, dos posiciones. Una, la del empleador (Directorio, Dirección); y dos, la de los docentes (Sindicato). Ambos deben regirse por lo que la ley gobierna. El punto concreto es que se ve muy mal y se considera como traición ejercer un derecho que nos asiste ¿Cómo puede ser posible que se piense así?... queremos usar, al propósito, una vez más, la trillada frase: “¿En qué país estamos? Ahora, viéndolo desde un punto de vista más individual, pregunto ¿Cuál es mi posición personal ante esta problemática? ¿A quién apoyo, al “Colegio” o al “Sindicato”? En principio no se trata de apoyar a nadie, se trata de EJERCER UN DERECHO INALIENABLE (Qué sencillamente no se puede ignorar). El colegio está regido por sus propias normas y eso está muy bien. Además, casi 45 años de existencia exitosa así lo demuestran; sin embargo, los docentes nunca se organizaron tal como ahora lo están… ¡Nunca! Si yo soy un docente que trabajo en el colegio y doy de mi tiempo, de mi trabajo y de mis conocimientos y el colegio me da un sueldo por ello (no es tema de este artículo discutir si éste es justo o no); entonces, yo tengo una dependencia legal. No es que el colegio me hace un favor pagándome un sueldo; ni yo le hago un favor al colegio prestándole mis servicios. Pero el colegio tiene la obligación moral de respetar los derechos de quienes prestan ese servicio. Tal como nosotros tenemos la obligación moral de respetar los derechos de quien nos da el trabajo. Justamente, para eso son las leyes, para normar este tipo de relación laboral que va desde el respeto mutuo como condición ABSOLUTA a las personas que laboran en el colegio hasta el mejoramiento de condiciones laborales y salariales. ¿Hay algo malo, extraño o abominable en esto? ¡Sinceramente, creemos que no! El colegio no es un club social con beneficios para unos y para otros no. Es una institución educativa que debe sustentarse en principios de justicia, equidad y respeto a la persona y a la ley. Se pretende propiciar cambios de conducta en los alumnos, capacitándolos para que puedan enfrentar un mundo velozmente cambiante y difícil. Para tal fin, se pretende inculcarles valores universales que se amparan en la legalidad y el buen sentido. ¿Son estos valores, productos negociables que se usan para intereses más profanos? ¡NO lo creemos! Los valores se viven, se ejemplifican naturalmente y se disfruta de los resultados que producen. Esto es: armonía, buen entendimiento y convivencia, tolerancia, paz… lo que nos lleva a la consecución de la felicidad (qué no tiene porque ser un ideal; sino una realidad concreta) El sindicato de docentes y el colegio son instituciones que en virtud de lo dicho, se merecen respeto mutuo y ambos están llamados a crear una comunidad educativa de vanguardia donde la influencia de los tiempos y las circunstancias, permitirán que se constituyan en un trascendental hito en el devenir de la historia… La decisión de ser parte de todo esto es tuya. Impresiones: 233 |
| Última actualización el Domingo, 18 de Octubre de 2009 11:02 |



