| El bien común |
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| Escrito por Editor |
| Miércoles, 09 de Diciembre de 2009 00:11 |
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¿Por qué Tener miedo? Hace algunos años tuvimos la oportunidad de leer el libro “En Torno al Hombre” de José Ayllón como parte de un curso que tomamos en el colegio. En los capítulos 8 y 9, páginas 123 a 153 se vierten ideas muy interesantes en cuanto a la sociedad y el bien común. Puesto que supuestamente, al menos, hemos sido informados de eso; ahora cabría hacer una seria reflexión, bajo las circunstancias y acontecimientos que realmente nos muevan a la acción. ¿Es lo que el nuevo curso Enseñanza para la Comprensión trata de inculcar, no? Comprendemos lo que aprendemos cuando somos capaces de aplicar esos principios en la realidad cotidiana. Pensemos e innovemos:
La existencia humana aislada es inviable. Por eso existe la sociedad, un conjunto de personas cuya unidad se debe a un fin común: la ayuda mutua. El cuerpo social sostiene y ayuda a cada uno de sus miembros gracias a que cada uno de ellos se beneficia de esa ayuda y la presta. Los docentes del colegio somos parte de una sociedad y los principios que la gobiernan no deben ser ajenos a nosotros. Es más, deben regir nuestro comportamiento. Como todos deben colaborar en ese empeño, tal fin puede ser denominado bien común. Cicerón dijo: “Muy bien dijo Platón que no hemos nacido para nosotros únicamente, sino una parte de lo que somos se la debemos a nuestros padres, y otra a los amigos. Y según afirman los estoicos, todo cuanto produce la tierra fue creado para el uso de los hombres, y los hombres para los hombres, de forma que puedan servirse de provecho entre sí y los demás. Por eso debemos promover la utilidad común con el mutuo intercambio de obligaciones, dando y recibiendo el fruto de nuestro trabajo y de nuestras facultades.” (…) – PÁG. 138 Conocer nuestras facultades; o sencillamente, lo que podemos hacer es nuestro deber. Éste ha sido proclamado e instituido en la declaración universal de los derechos universales de la ONU. El artículo 29 proclama: ARTICULO 29: (1) Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad. (2) En el ejercicio de sus derechos y en disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática. (…) – PÁG. 129 (…) Cuando se cumplen estos requisitos de una forma estable, hay sociedad: desde una pequeña familia hasta una confederación de Estados, pasando por una asociación profesional, un equipo de fútbol, un sindicato, un colegio (…) – PÁG. 123 Indudablemente, en nuestro colegio hay muchas cosas que no se dan porque se desconocen. Pero, aprendamos ahora que un grupo humano jamás garantizará el bien común a menos que exista absoluta unidad entre sus integrantes, lo que constituye un deber. (…) La dignidad de la persona queda realzada en el deber de colaborar al bien común. A diferencia del animal, el hombre posee la capacidad de abrirse a lo común. Por eso, cuando antepone constantemente el bien privado, se asemeja al animal y traiciona su condición de persona. Pensar lo contrario es tanto como pensar que el desarrollo humano debe apoyarse en el egoísmo. (…) – PÁG 143 Ante esto, podemos preguntarnos por qué no somos capaces de realizar este importante logro. La respuesta es llanamente: ¡POR MIEDO! El miedo es la primera forma de violencia y, por tanto, el primer atentado contra la paz. Donde reina el temor, la vida se encoge. Se ha señalado agudamente que el indicador más exacto del grado de abuso de poder político no sería la pregunta ¿qué puedo hacer?, sino la contraria: ¿qué me pueden hacer? Por el miedo gobierna Creonte exigiendo obediencia <en las cosas pequeñas y en las justas, y en las que no son pequeñas ni justas>. Pero ha de oír de su propio hijo estas palabras: <Tu aspecto infunde tanto terror que ningún ciudadano se atreve a decirte nada que no te guste oír> (Antígona, Sófocles) – PÁG. 139, 140 Vaclav Havel, primer presidente checoslovaco después de la caída del régimen comunista, describe el totalitarismo marxista como <un poder que universaliza el control, la represión y el miedo; un poder que estatiza y, por tanto, deshumaniza el pensamiento, la moral y la intimidad> - PÁG. 140 Todos los docentes tenemos la responsabilidad moral de asociarnos al Sindicato de Docentes. Nuestro Sindicato, si eso es lo que deseamos – y lo queremos -, puede irradiar constantemente amor, comprensión, el poder del espíritu y de las ideas. Es precisamente este brillo lo que podremos ofrecer como nuestra contribución específica a la institución que hoy nos acoge, más no nos comprende.Impresiones: 108 |


